sábado, 18 de diciembre de 2010

Balada triste de las dos españas




Gracias a nuestros amigos de Sensacine podemos ofreceros una entrevista con el director, Álex de la Iglesia, al final de la crítica.

¿Genialidad o tontería? Esa es la cuestión. Decidir si Balada triste de trompeta me ha gustado, apenas hora y media después de la proyección, es cuanto menos complicado, aunque escribir suele ayudar a que la cabeza ordene los pensamientos que uno tiene dentro y no es capaz de exponer con una mínima coherencia. Algo parecido a lo que le pasa a la película...

Balada Triste de Trompeta cuenta la historia de dos payasos de circo enfrentados por el amor de una misma mujer en la caída del franquismo. Y ya está. Esa es la trama de la película. Pero claro, hay mucho más bajo una trama tan "sencilla". La película recupera cuestiones morales clásicas, como las consecuencias negativas de la venganza, vierte una mirada cínica y critica con la guerra, con España, con la posguerra y el crepúsculo del franquismo. El circo en el que se conocen los dos payasos es extravagante, excéntrico, sobrado, sórdido y hasta violento, una metáfora de esa locura sórdida y malsana que es la España de la posguerra y el fin del franquismo, una España de circo en la que los niños veían a "los payasos de la tele" para luego ver un atentado en la televisión . Así, el enfrentamiento entre los dos payasos funciona como una metáfora de las dos españas ,  tan patéticas y ridículas como resultan los payasos protagonistas. Y todo tan sólo con la fuerza de las imágenes, apenas sin necesidad de atender a los diálogos y dejándose llevar por las imágenes.

Y esa es una de sus mejores bazas. La dirección es impecable, con una factura muy cuidada, en especial la fotografía, la música, el diseño artístico y los destellos de efectos digitales, que engrandecen la planificación de Álex de la Iglesia. Ahí está ese fantástico prólogo en el circo y la irrupción de la guerra en un lugar de inocencia como ese; ahí están esos títulos de crédito a golpe de tamborrada que son una genialidad en sí misma; y qué decir del climax en las alturas, muy del gusto del director, y que resulta un claro homenaje a Hitchcock o incluso King Kong, si se apura. Aun así, de la Iglesia demuestra una vez más por qué le llaman el enfant terrible español, por qué se le compara con transgresores como Tarantino. Si los espectadores están acostumbrados al tratamiento que los cineastas dan a la guerra civil o el franquismo en el cine, Álex de la Iglesia pervierte los tópicos de una forma irreverente nada habitual en el cine español.


La actuación es bastante correcta en los dos actores principales. Carlos Areces, el payaso triste, consigue una gran interpretación de locura in crescendo que en ningún momento resulta sobreactuada, un mal común en personajes tan al límite. En frente tiene a Antonio de la Torre, el payaso tonto y alegre, perfectamente creíble en su obsesión por hacer reír a los niños pero con un alma completamente corrompida y destruida. Por su parte, Carolina Bang interpreta a Natalia, la trapecista por la que luchan los dos payasos y que es descrita como un alma autodestructiva que parece acercarse a quien más daño le hace. Es sin duda el personaje peor definido (e interpretado) del triángulo protagonista, aunque cumple con su creación de una atractiva mujer atada al dolor y al sufrimiento.

La película, que tiene un inicio muy potente, va degenerando en una locura demencial, fetichista y exagerada que alcanza sus peores cotas con la transformación animal del payaso triste en una cueva o el gag reiterativo del hombre volador, que sacan a los espectadores de la película.  Sin duda, lo peor de un guión que se resiente de una estructura en la que únicamente asistimos a sucesivos enfrentamientos entre sus protagonistas: sórdidos, patéticos y desfigurados. Lo cual, si no fuera tan repetitivo, sería fantástico.

La película habla de dualidades, está representada en un enfrentamiento dual y provocará reacciones igual de duales: unos la calificarán de obra maestra y otros dirán que es una malsana bizarrada. Quizá es las dos cosas, quizá ahí esté la gracia, al menos para Álex de la Iglesia, quien opina que "el año del atentado a Carrero Blanco España era un circo. Sigue siéndolo, pero han cambiado los payasos".

2 comentarios:

Carlos Gallego dijo...

Muy buena crítica, le tengo ganas a la peli.

Diego Sánchez dijo...

Comentaremos cuando la veas, porque desde luego no deja indiferente.