martes, 7 de diciembre de 2010

Los espectadores estaban esperando el apocalipsis zombi

Ha sido uno de los éxitos del año en Estados Unidos. Los más de seis millones de espectadores que siguieron el episodio final de esta primera temporada son la prueba de que lo estaban deseando. Los aficionados tenían ganas de un producto televisivo como The Walking Dead, una serie sobre zombies en la que la sangre y las vísceras pringaran la pantalla. De forma literal. Y es que en esta serie la sangre salpica la pantalla por momentos cuando los protagonistas vuelan la cabeza de algún pobre zombie. Sin embargo y a pesar del tremendo éxito de la serie, le falta algo para alcanzar ese punto de magia que sí han conseguido productos como Dexter.

El episodio piloto de The Walking Dead, dirigido con mano maestra por Frank Darabont, fue un espectáculo a nivel visual de primer orden: fuerza narrativa, planificación, maquillaje, música... Todo a las órdenes de una gran dirección. Sin embargo, el argumento, la trama, el guión, los personajes carecían de la originalidad necesaria para alzarse como una gran serie, a pesar de encajar perfectamente y ser todos bastante correctos. Nada de lo que contaba la serie era original, nada nuevo que ofrecer. La narración era perfecta pero todo parecía tener esa ligera sensación de deja vu, de “esto ya lo he visto”. No parecía que la serie tuviera nada original que ofrecer, más allá de ser un producto adulto, violento y de zombis, que para hablar de televisión, ya es decir mucho. 


A medida que avanzaron los capítulos, los personajes comenzaron a cobrar más importancia que la situación de apocalipsis zombie que describía la primera, de forma que los protagonistas del relato iban quedando claros. Los secundarios, por su parte, están más difusos. Tras introducirlos como si fueran a ser personajes principales, Morgan y Duane no han han aparecido en lo que  restaba de temporada. Tampoco se supo más de Dixon, personaje al que los protagonistas dejaron encadenado y que supuéstamente se llevó la furgoneta. No he leído los comics en que se basa, por lo que quizá esté juzgando sin conocimiento, pero en un producto televisivo la narración no debería dejar cabos sueltos con los personajes.


Muchos aficionados se quejan de un final de temporada que sabe a poco. Yo también. Me pareció incluso mejor final de temporada el cierre del penúltimo capítulo, que dejaba interrogantes abiertos para el inicio de temporada en el CDC (Centro de control de enfermedades). Sin embargo, se despachan esa trama en un capítulo, el final, muy bien construido como cierre de temporada aun contando con pocas amenazas zombis. Este final de temporada puede dejar al espectador un tanto frío, ya que es un final de capítulo más. Nada de cliffhanger, nada fuerte para aguantar la espera hasta dentro de un año que vuelva la serie (salvo por ese "secretito"). Serán 13 episodios en lugar de los seis que forman esta pequeña introducción que ha supuesto la primera temporada. Ya  circulan por internet rumores que implican a Rob Zombie o incluso George A. Romero para la segunda temporada de una serie de éxito de la que se espera mucho más el año próximo.

2 comentarios:

Carlos Gallego dijo...

La serie me ha terminado decepcionando un poco, sobre todo por que los finales de cada capítulo no te dejan con ese regustillo de ¿Xd que pasará?, al igual que sucedió en el primer capítulo. Creo que la serie está bien pero le falta ese puntillo que tiene el cómic.

Diego Sánchez dijo...

Como digo en el post, desconozco el comic, así que no puedo juzgar ese aspecto. Como serie, le falta ese toque que tenía LOST, o que tienen series como Dexter. Me da la sensación que estos 6 episodios han sido más una prueba para ver si iba a funcionar y luego ya desatarse en la segunda temporada. Hay que reconocer que era muy arriesgado hacer una serie como esta y quizá no han querido echar toda la carne en el asador.